Temblor de Luz


ELENA IGLESIAS PUBLICA UN POEMARIO NUEVO
CON EL TÍTULO TEMBLOR DE LUZ
 por Maricel Mayor Marsán

Dedicado a la memoria de la laureada poetisa cubana Dulce María Loynaz (1902 - 1997), la autora del poemario Temblor de luz nos manifiesta de manera puntual que se siente unida a su tristeza, a su afán de comprender y amar a los demás, así como al poder entrelazar sus versos con los de la poeta fallecida. 

A través de todo el poemario Temblor de Luz, su autora Elena Iglesias juega con la técnica de la inter-textualidad, entregándose a un juego de palabras alternas o conversatorio a destiempo entre Dulce María Loynaz y su propia poesía, algo así como verso contra verso o por la pura pasión del verso. Para establecer una clara diferencia entre el texto incorporado y el verso propio, los versos de Dulce María Loynaz aparecen en cursiva y los versos de Elena Iglesias aparecen de manera regular, tal y como se lee a continuación: 

Yo iría
esta noche tan larga
a recoger un poco de luz....
  (Dulce María Loynaz) 

En un tiempo olvidado por el miedo, la música me abrió las venas con su filo de ternura. Mi sangre se quedó dormida junto al arrullo y ya no fueron sino frutas a manos llenas y pedazos de calles con olor a pintura fresca.
                                              (Elena Iglesias) 

El poemario está impregnado, de principio a fin, de una suave espiritualidad, transparente y singular, que conecta al lector con la cosmogonía de la autora, sin estridencias ni rechazos, con el propio Yo dentro que vive en cada lector. 

Elena Iglesias nació en Cuba y actualmente vive en Miami. Poeta, narradora y crítica literaria. Ha sido periodista independiente y colaboradora de El Nuevo Herald durante muchos años. Ha publicado tres poemarios: Península (1977); Mundo de Aire (1978), con poemas premiados por la Universidad Católica "Andrés Bello" en Caracas (Venezuela); y Campo Raso (1983), fruto del Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos "Rómulo Gallegos" en Caracas (Venezuela). Es además, autora del libro de cuentos cortos Cuenta el Caracol (1995), recreación de patakíes de la tradición afrocubana; dos libros de cuentos infantiles, Aloni Gabriel y Mariposa / Aloni Gabriel and Butterfly (2004, 2005 y 2009) y Adventures of a Blue Butterfly (2009); y una autobiografía espiritual, The Philosophy of My Wandering Cat (2009). Temblor de Luz es su octavo libro, publicado por la Editorial La Torre de Papel en su Colección Contemporánea de Poesía en 2009.

Nota publicada en: 
Crónicas Hispanounidenses (ensayos, notas y reseñas) de Maricel Mayor Marsán. Miami: Ediciones Baquiana, 2014. Págs. 130-131.
Revista Literaria Baquiana (versión digital). Sección de Noticias Literarias. Año XI, Número 63/64, Enero-Abril de 2010.


Un acercamiento a Temblor de Luz de Elena Iglesias

Por Amelia del Castillo Martin

Temblor de luz, como todos los libros de poesía, es confesión, desnudez, entrega. Y como eso de desnudarse por dentro es algo tremendo, el poeta –el verdadero poeta, claro– se aferra siempre a sus poemas entre temeroso y feliz de alumbrarlos. Ni más ni menos que la mujer al dar un hijo al mundo.

Elena Iglesias se ha hecho periodista, narradora, crítica de arte, viajera de pie inquieto y mirada abierta…; pero a Elena Iglesias la hicieron mujer, cubana y poeta. De su autoría son los poemarios Península (1977), Mundo de Aire (1978, con poemas premiados por la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas); Campo Raso (1983, fruto del Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos de Caracas), y este Temblor de luz que me ilumina hoy.

En narrativa ha publicado Cuenta el Caracol (1995), donde recrea patakies de la tradición afrocubana; Aloni Gabriel y Mariposa / Aloni Gabriel and Butterfly (2004), bellísimo libro de cuentos infantiles en edición bilingüe, y The Philosophy of my Wandering Cat (2009), “una biografía espiritual” nos dice Elena y con razón, porque es un delicioso filosofar entre la autora y su alter ego.

Temblor de luz es confesión y entrega, como expresé al comienzo de este trabajo, porque ¿no es acaso un temblor de luz lo que alcanza, envuelve, atraviesa y desnuda al poeta?

Su título no sólo nos lo anuncia, sino que –como banderita roja–, nos previene antes de atrevernos a emprender un viaje alma adentro de la autora.

El libro está dedicado a la memoria de Dulce María Loynaz (1902-1997), exquisita poeta cubana que, citando a Federico Sainz de Robles: “pertenece al grupo de las más ilustres voces poéticas femeninas de América”.

Versos de Dulce María abren el poemario y van acompañando y entrelazándose a la voz poética de Elena Iglesias.

No es mi intención hacer un minucioso estudio de Temblor de luz y por más de una razón: explicar la poesía es robarle su magia y su misterio e intentarlo sería inútil, porque la poesía de Temblor de luz ya no es de Elena; es de ustedes y es mía, y a cada uno de nosotros va a decirnos algo distinto.

Sí quiero resaltar que el libro es, también, un canto a la luz. Por todo él nos alientan versos como estos:

…una fuente de luz se derrama por mis poro por la luz de mi corazón que trasmuta en aliento
mis carencias…

… De esas maderas ensangrentadas surge entonces la luz…

… morir una muerte ajena (…) por una promesa de luz.

Si Elena entrelaza versos suyos y de Dulce María lo hace por sentirse cercana al bello y válido lirismo de esa otra poesía. Pero aún cercanas en sensibilidad y ternura, yo me atrevo a decir que no hay en Elena Iglesias la “tibia resignación”, la “contenida angustia”, la “timidez espiritual” que críticos reconocidos han visto en Dulce María Loynaz.

Elena Iglesias necesita arraigarse para saberse viva, y empinarse para afrontar un regalo tan bello como difícil y angustioso. Baste jugar un poco con el diálogo de estas dos voces líricas para descubrir lo que las une y las separa:

“Madre, yo quisiera irme con la nube” , dice Loynaz y añade Elena:

Con la nube que tiene prisa por morir, por abrirse en dos para que llueva pan sobre la tierra.

Y en este mano a mano o verso a verso, al “Voy –río negro- en cruces, en
ángulos/ hacia ti, mar mío…”
, de Dulce María, nos dice Elena:

…Una y otra vez bajaré los ojos para que no vean el reflejo de los peces en mis lágrimas…

Y del amor, del amor de poeta que es siempre uno aún siendo muchos, nos dice Dulce María, “amor es de raíz negra”. Para Elena,

…amor también es manantial y la dulzura de una tarde llena de luz…

Amor es poder decir:

…Nunca había parido estrellas hasta que llegaste tú…

Al “Hoy tengo aquí a mis pies un camino de tierra dura, gris…”, nos grita Elena Iglesias desde Temblor de luz:

…La cosecha de luz de espaldas a la bruja del naranjo…

Y otra vez del mar –testigo siempre del poeta isleño– y que está en toda la obra de estas dos mujeres abrazadas al mar de la Isla que llevan dentro:

¡ Me come un mar abatido por las alas de arcángeles sin cielo…!”, dice Dulce María y responde Elena:

… Siempre me recibe con un nuevo azul, con el espejo donde se miran todos los surcos de la tierra…

Y al “…pero la playa es siempre para morir”, de Loynaz:

… Sólo muere el mar cuando se enamora de la mujer de arena…, de Elena Iglesias.

A la conformidad de un “¡Ay, qué nadar de alma es este mar!”, la voluntad de afrontarla que confiesa Elena:

…y tener que convertir esa pequeña luz en incendio atravesando toda el agua del mundo…

No bastan unas breves páginas para recrear estas dos voces poéticas cercanas en sensibilidad, pero no en proyección vital y anímica.

Por todo el libro nos deja Elena Iglesias, en voz muy suya de mujer y de poeta, su fe en un luego, su voluntad de afirmarse y su luz interior:

Sin darme cuenta me brotaron alas y empecé a vivir.

Vengo de cruzar los siete mares (…) He conocido todas las orillas y por ajenas que fueran no les he tenido miedo.

La rabia pudo más que la agonía…

…y empecé a construir una escalera por donde bajaba (…) a contemplar el sol.

Temblor de luz es un libro hermoso, un proyecto logrado, una confesión válida y sincera. En él afirma y nos regala Elena Iglesias una voz lírica en ascenso.

Revista Sinalefa No. 26, mayo-agosto 2010

Foto de Dulce Maria Loynaz, la poeta cubana a quien le dediqué "Temblor de luz".

Dulce Maria Loynaz, the person to whom I dedicated this poetry book.

Photo credit: Mari Puri Herrero.


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