Cuenta el Caracol

Portada: "Oración al Niño de Atocha" de Zaida del Rio


Fragmento del Prologo de Isabel Castellanos, coautora de Cultura afrocubana

En este libro, Elena Iglesias escoge algunos de los patakíes africanos y los incorpora al corpus insular. Pero no ha efectuado una tarea de simple selección y traducción. Preservando intactos el espíritu y la anécdota, Elena los recuenta, los aclara y, en ocasiones, ejecuta una inteligente y eficaz tarea de “cubanización”.

Solo me queda invitar al lector a adentrarse por los vericuetos de un mundo encantado, poblado por dioses y espíritus, animales tontos e inteligentes, Rodillas que adivinan, Cinturas y Cuellos que solicitan mercedes, Ceibas casadas -¡y divorciadas!- de Descampados, Lirios que se consultan con Eleguá… Según afirman Changó y el Caracol: “para saber mucho de algo hay que dedicarle tiempo y amor; después, la recompensa vendrá sola”. Los invito, pues, a acercarse a lo que cuenta este Caracol con un poco de tiempo y algo de amor. El premio, ya lo verán, vendrá solo y será abundante.


Manuel Salvat, Elena, Olga Connor & Isabel Castellanos

Miriam Mendieta, Silvia Penichet & Ana Maria Mendieta

 Presentación de Cuenta el Caracol en 
Ediciones Universal, Miami

Para mí la vida es una enorme casa llena de ventanas de muchos tamaños y formas diferentes.

Cada una de esas ventanas guarda una sorpresa para el que se atreve a asomarse a ellas. A ese atrevimiento yo le llamo vocación de claridad.

Mientras más ventanas abiertas, más luz en la casa, luz que barre fantasmas, miedos, prejuicios, todos los hijos deformes de la oscuridad.

Cuenta el Caracol es mi ventana al mundo afrocubano. Una entre las muchas que tiene mi casa, pero una sólida, hermosa e importante para mí.

Los invito a adentrarse en ese mundo con la intuición alerta y la sencillez de la mano, únicos requisitos para que nos hable el mito, mientras se adueña lentamente de nuestro corazón.

Elena Iglesias – 9/23/1995


Pintor: Humberto Pasos

Pintor: Humberto Pasos

El Extranjero generoso

Uno de los Ibeyis, hijos de la suerte, recordando un cuento que les había hecho Yemayá, le decía a su hermano gemelo…

–La bondad no queda sin premio y la maldad se paga.

–Depende, respondió el hermano. –Hacer el bien con malas intenciones hace que ese bien no reciba recompensa.

–Es cierto, reflexionó el primer mellizo, –pero hay gente verdaderamente generosa. Acuérdate de lo que nos contó Yemayá sobre Aganna, el extranjero que se fue a vivir a Oko...

Cuando llegó al pueblo, hizo una finca a la vera del camino, y a cualquier persona que pasaba por allí, le ofrecía maíz o ñame. Todo lo que ganaba lo regalaba, y si alguien necesitaba dinero, Aganna se lo daba.

Sólo los ancianos recibían títulos en el principio del mundo, pero cuando el jefe de Oko murió y se preguntaron en el pueblo quién podría sustituirlo, pensaron en Aganna. Las mujeres dijeron que debían hacerle rey.

Cuenta el caracol que su bondad hizo que llegara a ser jefe de Oko, y por su generosidad logró vivir para siempre.


Pintor: Humberto Pasos

Cocodrilo vence al miedo

Una vez Ogún y Ochosi discutían sobre cuál era el enemigo mayor que podía tener un hombre...

      –El que se atreve a desafiarme para quitarme mis posesiones, dijo Ogún.

      –No hermano, le contestó Ochosi, –el que logra arrebatarte la libertad, esclavizándote.

En eso se acercó Obatalá, que hacía rato los estaba oyendo discutir. 

–El peor enemigo de un hombre, les dijo, –es su propio miedo. El día en que se da cuenta, los orichas empiezan a darle fuerzas para que pueda superarlo...

Como a Cocodrilo, cuando iba a convertirse en jefe de las aguas profundas.

Todos los peces y las ranas asustaban a Cocodrilo, que para conquistar su miedo ofreció dinero, animales, caracoles, cocos y tres dientes de hierro.

Los peces no volvieron a dominar a Cocodrilo. Ni las ranas. Nadie se le pudo enfrentar jamás. Cocodrilo se convirtió en rey, hijo del dueño de las aguas profundas. ¿Y quién puede quitarle la casa de su padre a un niño?


Pintor: Humberto Pasos

Osain, el brujo

Cuenta Changó, rey de la música, que Osain ofreció en sacrificio dinero, la ropa que llevaba puesta, plumas y 200 hojas, antes de encaminarse a la ciudad de Oyo.

         Cuando llegó, el rey le preguntó qué sabía hacer, y Osain le contestó que podía curar a cualquiera que tuviera un dolor de cabeza o de estómago, a quienes sufrían de los pies o de los ojos, o a las mujeres que no podían tener hijos.

–Así que verdaderamente tú haces ese trabajo, le dijo el rey. 

–Yo pensaba que matabas a la gente.

–Yo no mato a nadie, le contestó el hechicero.

El rey hizo rico a Osain, que recibió bendiciones lejos de su tierra...

Dice el caracol que la gente desconfía de los brujos. Los prueba porque les teme.

 


Pintor: Humberto Pasos

La reina de las aguas 

Dice Obatalá que no debemos dejarnos intimidar por el sufrimiento, ni asustar por los insultos. Después del dolor y del maltrato, llegan las bendiciones.

         Olocun, el inquieto mar, quería aventajar a todas las demás aguas y ofreció en sacrificio dinero, plumas y un vestido blanco como la espuma.

Un torrente de agua recogió toda la basura y las sobras de la tierra y las echó en el mar. Eleguá le dijo que no se amilanara por el desprecio que implicaba esa acción. 

Olocun recibió pacientemente, una y otra vez, los desechos y despojos que los ríos arrojaban en su seno. Y se fue haciendo cada vez más grande, hasta que ningún río pudo compararse con el océano.

Cuenta el caracol que en pago de su paciencia, Olocun llegó a ser la reina de las aguas.

 

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