Apremiante deseo de manantial

Publicado por Eriginal Books



Gracias a Luis Vega por sus ilustraciones, que he utilizado para embellecer Apremiante deseo de manantial. Arriba puede ver algunas de ellas. Ponche en cualquier imagen para agrandarla.


Nuevo libro de la authora cubana Elena Iglesias
reúne su obra poética desde 1977 hasta 2009

Maricel Mayor Marsán
Revista Literaria Baquiana – Número 81-82

El libro también trae un hermoso y emotivo prólogo escrito por la escritora cubana Amelia del Castillo. En el mismo, la prologuista nos dice lo siguiente:

“Elena Iglesias reúne su obra poética bajo el sugerente título Apremiante deseo de manantial. Y lo celebra ella y lo celebro yo, porque cuando un poeta encierra en un solo libro todos sus libros lo que realmente hace es algo tan hermoso como apretar en un solo abrazo a todos sus hijos.”

Apremiante deseo de manantial incluye cuatro poemarios: Península (Washington, D.C.: Editorial Solar, 1977); Mundo de Aire (Washington, D.C.: Editorial Solar, 1978), con poemas premiados por la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas; Campo Raso (Coral Gables: Gutenberg Press, 1983), con poemas escritos en el Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos de Caracas; y Temblor de luz (Coral Gables: Editorial La Torre de Papel, 2009), su más reciente publicación poética.

Elena Iglesias suele publicar crónicas de arte y reseñas literarias en El Nuevo Herald de Miami y en otros medios de prensa. Ha publicado otros libros de narrativa, tales como historias de la tradición afrocubana y cuentos infantiles.

Recomendamos la lectura de este libro tan especial con el poema siguiente: 

TESTIMONIO

En el principio era la herida
y la herida estaba junto a mí
amamantando mis lágrimas.
Todo se hizo por ella
y sin ella no existe nada de lo que he hecho.
En ella había vida y muerte
y las tinieblas no la han detenido.
Vengo para dar testimonio de esa herida.
En mi mundo estaba
pues por ella fue hecho mi mundo
y no la reconoció.
Vino a mi propia casa
y me negué a recibirla,
pero a todos los que la han recibido
les ha dado poder para llegar a ser libres
pues ella nació de la carne y de la sangre
para declarar a favor de la luz.
Y la herida se hizo carne
y habitó en mis entrañas
desgarrándome la vida.
En ella todo era amor y dolor.
En ella estaba la plenitud de Dios.
A Dios nadie lo ha visto jamás
sino mi herida
que comparte la intimidad del Padre:
ella me lo dio a conocer.

ERIGINAL BOOKS
Colección de Poesía
 (2012)
ISBN: 978-1-61370-976-4
Library of Congress Number: 2012951533
Miami, Florida, EE.UU.


Ilustración por Luis Vega

Elena Iglesias en su espejo

Cuando yo conocí a Elena Iglesias, a principios de la década de 1980, la descubrí como poeta. Pensé que eso era lo mejor de su ser. Y eso es lo que sigue siendo, cuando se confiesa frente al espejo lo que es su poesía con Apremiante deseo de manantial, de la editorial Eriginal Books que dirige Marlene Moleón, que son sus cuatro libros entre 1977 y 2009: Península, Mundo de aire, Campo raso y Temblor de luz.

Su prologuista, la poeta Amelia del Castillo, escribió que “cuando un poeta encierra en un solo libro todos sus libros lo que realmente hace es algo tan hermoso como apretar en un solo abrazo a todos sus hijos”. Se destacan también las bellísimas ilustraciones del artista Luis Vega, de 1983.

Un ejemplo del modo de poetizar (y de ser) de Iglesias es el poema Península que le da título al primer libro: “Un cuadrado perfecto/ dentro de un círculo imperfecto / en mitad de un infinito amorfo / rodeado de amor por todas partes / menos por una”.

La presentación en Proyecto Zu, estuvo a cargo de Manny López que lo dirige, y de Karin Aldrey, y se llevó a cabo en la biblioteca de la Alianza Francesa. Estas fueron algunas de las impactantes palabras que dijo Aldrey: “Me hubiera gustado, desde algún sitio ignorado y sereno, observar el rostro de Elena cuando escribía ese primer poema con que abre esta hermosa compilación antológica, Testimonio, donde con el lenguaje bíblico de los profetas nos descubre su herida ‘vivencial’, esa que acoge vida y muerte, que contempla con ojos premonitorios y sin miedos toda su trayectoria humana, y la acepta, la asume, la embellece con significados que van más allá de las simples propuestas cotidianas”.

Iglesias explicó algunas de esas vivencias antes de leer su poesía indicando que los primeros poemarios los escribió como fruto de talleres literarios en el Instituto Rómulo Gallegos, en Caracas, Venezuela, donde vivió un tiempo importante de su vida, por 11 años al salir de Cuba. En 1983, publicó por primera vez poemas con alusiones a Cuba sin mencionarla en Campo raso con poemas de “estilo haiku, dedicados a la paz”. Temblor de luz, su último libro, fue escrito en honor a Dulce María Loynaz, la poeta intimista de Cuba, y en él entrelaza su visión con la de la admirada escritora ya fallecida.

Olga Connor
El Nuevo Herald
Martes 4 de diciembre, 2012


Ilustración por Luis Vega

Espiritualidad y poesía: más allá de las modas 

Madeline Cámara
Especial / El Nuevo Herald

Al leer un libro siempre releemos otros. Muy a menudo también sucede que una buena lectura genera un buen hecho de vida. Lo primero es un axioma de la teoría literaria después de Roland Barthes; lo segundo, proviene de los orígenes mismos de la poesía cuando ésta estaba ligada orgánicamente a la religión y la filosofía, los terrenos que alimentan hoy día la debilitada zona de la ética. Por eso, en los tiempos que corren, es buena idea, como medicina para el alma, tener en la mesita de noche un libro de poemas, para que sigamos en la tarea de Sísifo: releer a los clásicos en cada nuevo autor que se nos presenta, pero también para escuchar las voces escondidas que pueden traernos una enseñanza, o recordamos algún saber perdido o en desuso.

Tratándose de poesía, y enfatizo que hablo en particular de este género, suele ser bueno escuchar las recomendaciones de los amigos, de aquellos con los que tenemos afinidades electivas. En el fondo, de eso se trata cuando leemos un poema, de encontrar en sus palabras una resonancia espiritual, porque la imagen poética, a través de la belleza, está llamada a apelar más allá de lo sensorial y lo intelectual.

Llegó así desde Miami un libro que compila la obra poética de la periodista cubana Elena Iglesias. Como la conocía sólo dentro de esa faceta de prosista, el recibo del libro me intrigaba pues podría descubrir a la autora en esa nueva área. El correo me trajo un cuadernillo de delicado azul y sugerente título: Apremiante deseo de manantial (Eriginal Books LLC), publicado en lo que va de año. Se recogen aquí cuatro cuadernos anteriores Península (1977); Mundo de aire (1978); Campo raso (1983) y Temblor de luz (2009). Estamos entonces ante la oportunidad de apreciar el tiempo transcurrido en la creación de una voz poética y creo que definitivamente el tono de la misma se declara desde el título: la salida al encuentro de la espiritualidad.

Como se aprecia, no hablo de una particular religiosidad aunque sentimos a la autora cerca del catolicismo, pero con resonancias órficas cuando habla repetidamente de Misterios, (así con mayúsculas) “Del Misterio no se habla./ La verdad es negra, profundamente negra/ como la cara de Olocún;… ¿O pensabas que era por gusto el tono plateado de los peces?/ Es la piel que les regala el Misterio cuando se quedan desnudos/ Es la misma piel que cubre al mar cuando reflexiona”; también muy sensible al panteísmo en su armonía con la naturaleza y en la dispersión del Tú, que de ser Dios, es aquel a quien en palabras de Paul Celan, la poeta le pide: “Rézanos tú a nosotros, estamos cerca” . Completando esta plural cosmovisión, en el tratamiento de los animales y la fauna, no hay duda de la influencia de la tradición yoruba, mundo de leyenda y dioses que le interesa a Iglesias al punto de haberle dedicado otro libro: Cuenta el caracol (1995).

Otro tema que domina el libro es el amor pero abordado también de manera espiritual, con una nota teresiana en esa manera cósmica y a la vez recogida de darse a las criaturas. Una influencia declarada ya por la poeta en una dedicatoria es la suave feminidad de Dulce María Loynaz que tanto elogió Cintio Vitier en su Lo Cubano en la Poesía y que para él contiene algunas claves de la levedad insular.

El hablante lírico del libro cambia de registros: se deja entrever por momentos más personal para de repente escabullirse en lo genérico del ser humano o incluso en una imagen que reclama la exclusiva vida del reino de la imaginación.

Como se observa, la poética de Iglesias no se regodea en la anécdota de manera simplista pero tampoco es filosofía abstracta. Está lo vivido, lo deseado y lo soñado, todo mezclado como lo hace con maestría en los versos de Dodecaedro. Trata Iglesias de marchar por la cuerda floja de la reflexión íntima que también aspira a la resonancia universal. Marco esta observación con el siguiente poema: “Estoy rebasando mis límites/ la claridad de afuera/ me cerca/ envidio su resplandor/ con lujuriosa culpabilidad/ Mi sombra/ encerrada en un círculo/ de luz/, sigue siendo mi sombra”.

Por último, doy fe de que este poemario reclama como suyas, sin convertirlas en motivo central, las huellas del exilio, esas que han sido obsesión en la lírica cubana desde el siglo XIX hasta los días que corren, quizás porque muchos somos los que estamos dispersos por el mundo sin la patria real, asidos a la Materia de las palabras. En el breve poema XXIX se lee: “Partir/ con mi origen a cuestas/ sin nada más por soñar/ sin resignarme a la muerte/ todavía”. Luego, pareciera que el peso de la Isla se difumina, incluso el de la identidad que se deja atrás, y se vive a plenitud, porque la escritora ha encerrado en su puño “los castillos de la infancia/ los golpes de un absurdo adiós”.

Pero vuelve, inevitable en esta zona del cuaderno, la presencia/ausencia del mar, eterno en su movimiento, en entregarse para retirarse de inmediato, dejándonos la sal o la humedad de la ola (todo depende de que hemos ido a pedirle). Pero este mar no es solo el suyo sino que puede ser también el mío o el de cualquier lector que vea en sus aguas, o busque en ellas, la “Fuente Vital”, esa espiritualidad que rescata la poeta y que se manifiesta con total madurez en el poema escogido para concluir el libro Epílogo diferente. Por eso decido entregarles, como cierre de mi reseña, este momento de contemplación de lo Uno y lo Múltiple en el que quizás muchos/as podamos reconocernos: “En ese fondo de volcán azul se cocinan las estrellas/ a temperaturas límites/ y se vuelven lo que son cuando se las mira de cerca: piedras. //De todas las formas en que vienen las almas/ porque las almas tienen tamaños distintos y superficies diferentes/ según los dedos que la tocan, como las piedras del mar”.

Artes y Letras/ Domingo, 12.09.12

Copyright 2016, Elena Iglesias; all rights reserved.